Una señora en el fútbol

Lo que hay que hacer por los padres. Jesús. Una se preguntaba hace poco lo pintoresco de según qué situaciones en las que, como si de un Pepito Grillo se tratara, una voz interior te grita a los cuatro vientos: “Quién me mandará a mí…”

Y sí. El pasado domingo viví uno de esos momentos tal vez aterradores, tal vez cómicos, tal vez curiosos… pero siempre atípicos, en los que te preguntas, angustiada y presa de la desesperación: “quién me mandará a mí… meterme en el Camp Nou, si a mí no me gusta el fútbol”.

Pues mi padre. Mi santo padre. Por él pasé la tarde dominical rodeada de bufandas del Barça y señores comiendo pipas. Por él aguanté estoica los 90 minutos más 2 de descuento y por él me pelé de frío forrada con un gorro orejero de borreguito que me tapaba hasta las pestañas.

Y tan pichi oiga.

Hay que ver lo que se hace por amor. De esa guisa me hallaba, yo, como una señora vedette venida a menos, sin sombra de ojos siquiera, pensando en mis cosicas mientras Messi hacía de las suyas. Todo mi aliciente era vivir el ambientillo, observar a los señores indignados cuando Neymar no chutaba a puerta y a las mujeres abnegadas, amantes del fútbol o amantes a secas, pegadas piel con piel a sus maromos, sabiendo que “el fútbol es así”.

Miré a mi izquierda: un joven embrutecido, exaltado, entregado. Celebraba sin pudor cada gol de su equipo y comentaba con sus colegas de banco cuál sería la jugada ideal si manejara él mismo el mando del videojuego del FIFA. “¡Cuadrado equis, cuadrado equis ostia!”, gritaba.

A mi derecha: mi padre. Los ojos le brillaban y guardaba el paquete de kikos porque “me pongo nervioso Alma, guárdalos tú que me pongo nervioso”. A mí me habría gustado darle más juego pero es que de fútbol entiendo menos que del escarabajo pelotero, que ya es decir, pero qué le vamos a hacer, si a mí el dream team de Cruyff me pilló con nueve años y yo lo único que quería era hacerme una foto con Koeman y Laudrup y Guardiola y Luis Enrique para vacilar luego en el cole.

Hoy también vacilo, pero menos, porque el domingo enchufé “la Almi automática” y me dediqué a mirar a la gente y a estudiar su comportamiento, que es lo que más me gusta en este mundo, y a mirar cómo mi padre se lo pasaba pipa y se pelaba de frío como un pajarito, eso también, porque nosotros somos dos polluelos y fuimos poco preparados: “Alma a la próxima una mantita para las piernas ¿eh?”. Claro que sí papá. ¿A la próxima? Quién me mandará a mí…

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2 Comments
  1. ayyyyyyy!!! aLMI!! pero cómo vas sin manta! cómo vas al camp nou????! ayyyy que disgusto más grande tengo!!!. lo del chaval del fifa… es digno de estudio… muaki!

  2. Pues yo no soy mucho de “fumbol” pero las 3 o 4 veces que he ido al campo me lo he pasado teta, me he venido arriba y he berreado como una loca ;) (esto… por qué sólo puedo escribir en mayúsculas?!?!?! juro que no te estoy gritando!!! jaja)
    Y oye, ya he visto que has hecho reformas por aquí. mola! ;)
    Besis, guapita

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