Sabios de andar por casa

Personajes. Me rodeo de personajes de ciencia ficción. Yo es que no los busco, lo juro, son ellos los que vienen a mí. Y claro, después me toca escribir sobre su modus vivendi, porque la vida me provoca y una no es de piedra joder. El otro día en la frutería “de las naranjas buenas” había una cola de mil demonios y tuve que esperar unos quince minutos entre que las señoras se decidían por unas zanahorias u otras y se llevaban “arreglo para el cocido”. Mira, lo voy a confesar. Yo entre verduras soy un guiñapo. Más que nada porque no sé distinguir unos vegetales de otros. Seh, esta es Almi. Mongola a tiempo completo. A mí me pones delante un titular mal escrito y lo sé apañar. Pero me plantas encima de la mesa un rábano, apio, calabacín, espinacas y acelgas y yo no sé lo que es cada cosa. Sé que me gustan y que si las hiervo y hago puré, me encanta. Pero ya. No me preguntes nombres porque no tengo ni puñetera idea. A mí hay que quererme así, porque ya no tengo pinta de mejorar mucho.

El caso es que estuve esperando un ratito y me di cuenta del -enorme- filón que tengo yo en esa frutería. Jose, el dependiente, es un diamante en bruto. Si lo pilla Emilio Martínez Lázaro le hace una sitcom. Jose no es el dueño de la frutería, el ‘amo’ es su tío Jaume, famoso en el pueblo por ser el hermano de ‘la Jauma’. Pero como los dos ya son un poco mayores, pues el negocio lo lleva de un tiempo a esta parte el jovenzuelo Jose que ha crecido entre coles de Bruselas, patatas y brócolis. A Jose lo que de verdad le gusta es salir de fiesta los fines de semana. Luego llega el lunes y es capaz de tener conversaciones interminables con las señoras como si fuera una más, pero los viernes se transforma. Le da a la gomina como un verdadero Cristiano y saca brillo a su coche ‘por lo que pueda pasar’. Este viernes llegó al trabajo sin dormir. “Vengo de empalme, señora Amparo, ¿qué le parece?”. Y Amparo entre que coge los plátanos y las peras, se sonríe y le dice al chaval que disfrute, que para eso es joven.

Esa mañana, además, Jose estaba entretenido porque había ido a verle su colega Manuel, que reparte frutos secos y encurtidos del negocio de su padre. El de las aceitunas aparcó la furgoneta en el vado de la puerta y “se echó un piti” con Jose. Como todavía no era mi turno, yo no tenía más remedio que permanecer allí, impertérrita, observando, muda cual Harpo Marx en su camarote. Y claro, me empapé de toda la conversación entre aquellos dos soles, currantes como ellos solos y alumnos de la Universidad de la Vida. Uno le preguntaba a otro que si “la naranja aún da faena” porque claro, “con esto de la inmigración…”. “Pues sí nano, el otro día llegó una furgoneta al campo de mi tío y salieron 200 negros que se hicieron las cuatro anegadas en una hora, yo flipé. Con lo duro que es ese trabajo y ellos lo terminaron en un periquete. Después mi tío los invitó a almorzar, porque claro, habían acabado tan rápido, que allí ya no había nada que hacer. Y no querían ¿sabes? No querían porque se iban corriendo a otro campo para empalmar una faena con otra. Yo alucino con su forma de ser, vienen a currar, a currar, a currar… Y luego hay gente que les trata mal. Pero escúchame, ¡sólo porque son negros! ¿Sabes? Ya ves tú a mí qué más me dará del color que sean… ¡como si quieren ser verdes! Señora, ¿el kiwi lo quiere muy maduro o no es para comer hoy?”. Y yo me sentí bastante torpe, todavía intentando diferenciar una alcachofa de una berenjena, y recibiendo una buena bofetada de humanidad en toda la cara.

Related article
4 Comments
  1. Cuando voy al exótico poblado tengo muchas bofetadas de este tipo, saben mucho los de la universidad de la vida.

  2. No cabe más verdad en este relato.
    Y hay que ver lo cerca que nos queda a algunos… (que mientras leemos “la Jauma” resuena en nuestros oídos ese “La Xauma” tan tan de casa… y en nuestra mente ese olorcillo de las naranjas buenas)
    Me encanta leerte!!

leave your comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *