Podar el alma

Este fin de semana han venido los jardineros. Digo ‘los’ porque, tal y como estaba la pequeñita parcela de terreno que tenemos en mi casa, esto parecía de todo menos una casa. Valgan todas las cacofonías del universo. Mi humilde morada parecía la parte de la jungla de Port Aventura. Elefantes, ñus y rinocerontes desayunaban Nesquik y cereales por la mañana tan campantes en mi jardín. Cada vez que entrábamos en casa nos equipábamos con un machete y un casco de safari color verde militar-camuflaje para poder llegar sanos y salvos. Casi tenemos que construir un puente colgante de madera para evitar la maleza. Un show.

El caso es que vinieron los jardineros. Entre tres o cuatro hombres de buena planta y mejor comer (quisiera yo meterme esos almuerzos en mi cuerpo de metro y medio) se pusieron manos a la obra para acabar con las malas hierbas y con los restos mortales de lo que fueron plantas alegres y vivarachas. Como en todo, el tiempo sigue su curso y la juventud precede a la vejez, y las hierbas de color verde se convierten en sequía marrón. Y luego, la vida otra vez.

Me preguntaba yo mientras veía a los enanos de mi jardín mudarse a otro adosado tristes porque aquí se les había acabado el chollo, si no existen los jardineros para el alma. Los jardineros que llegan y podan lo malo, se llevan la maleza y acaban con las ramas secas. Porque no hay nada peor que un luto no superado, un duelo inacabado y unas lágrimas que no se enjugaron bien.

Siempre he creído (aplicando el símil jardineril a la vida sentimental, para el que no me siga) que no se puede leer un nuevo capítulo si el anterior no se ha terminado. Y con las relaciones pasa igual. Si uno no ha echado el cierre en condiciones a la pareja anterior, es imposible centrarse en todo lo nuevo que le van a brindar las oportunidades venideras. Imposible. Porque la toxicidad que uno arrastra y los comportamientos viciados y podridos impiden abrirse a un nuevo jardín de ramas frescas y brotes verdes.

Mis jardineros arrasaron con todo. Los hibiscos ahora están contentos de renacer y los geranios y el galán de noche esperan ansiosos a la primavera para lucir sus mejores colores. Bienvenida la ilusión. Bienvenidos los que le echan cojones a la vida y se procuran un porvenir sentimental sano y consciente. Tijeras de podar y a la faena.

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14 Comments
  1. “Porque no hay nada peor que un luto no superado, un duelo inacabado y unas lágrimas que no se enjugaron bien.”
    Ay jope, jope, que lloro de verdad :'(

  2. Muy fan de ti Alma! Cada entrada me gusta más tu blog! y con esta entrada me siento muy identificada… “Tijeras de podar y a la faena” Olé!

  3. ” Porque no hay nada peor que un luto no superado, un duelo inacabado y unas lágrimas que no se enjugaron bien.”

    Espectacular

  4. Que bravísima!!!! #oletu

  5. Increible Alma…no hay mejor manera de expresarlo “Podar el alma”

  6. Como me alegro que no solo hayan venido a visitarte los jardineros, sino que también hayan venido a visitarte las ilusiones y espero que se queden durante mucho tiempo porque un jardín sin flores es un jardín sin ALMA. muaaaaa pesiosaaaaaaaa

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