Ofertas

En la ferretería del barrio siempre hay ofertas. Un señor muy viejo con un bigote muy blanco regenta el comercio desde el siglo IV antes de Cristo. Se dedica a vender enchufes y a contar tornillos desde que el mundo es mundo. Y entre que coge un alicate y te arregla la rosca de una bombilla, entre unas cosas y otras, te habla de fútbol, de política, de las ofertas de la ferretería y de la vida, a lo grande. Es un predicador.
Hoy he visto un cartel pegado con celo en el escaparate: “Ocasión: descorazonador”. Antonio, el ferretero del bigote frondoso, dice que eso es para las manzanas y las piñas. Yo digo que Antonio entiende mucho de siliconas y bridas, pero de corazones no, y fijo que las manzanas y las piñas se merecen seguir con su corazón intacto.
Mi madre siempre me decía de pequeña que tengo un corazón “que no me cabe en el pecho”. A lo mejor es porque soy bajita, a lo peor es porque quiero mucho. Sin medida. Rotundo. ¿Y si me compro un descorazonador para mí? No, ahora en serio. ¿Y por qué las madres lo saben todo? ¿Qué hacemos con las piñas? Mañana cuando pase por Antonio creo que voy a comprarme un descorazonador. Por lo que pueda pasar.

TwitterFacebookInstagramYouTube @soylaForte

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