Mujeres de playa: derecha (Y II)

A mi derecha dos chicas de no más de 27 años. Una de ellas es bastante flaca, la otra es bastante lo contrario. Gorda, coño, llamémosle por su nombre. El antónimo de delgada, es gorda. No es más ofensivo, ni menos, que ‘entrada en carnes, rellenita, gordita’.

La flaca lleva un bikini rosa chillón y parece importarle todo un bledo. Está tranquila y toma el sol escuchando la conversación que le ofrece su amiga. La “menos-flaca” habla de temas baladí (la familia, la televisión, cotilleos de amigas, el coche que le gusta…) y, entre medias, intercala juicios de valor sobre sí misma donde va maltratándose lenta y dolorosamente. “Vaya tela, menudas arañas tengo en las piernas. Esto ya no se arregla, te lo digo yo. Mis piernas no tienen remedio… Todo esto es grasa”, dice mientras arrepreta bien sus muslos y pellizca la carne con un asco y un desdén que no emplearía jamás para hablar de la pierna de otra persona. “Me encantaría tenerlas tonificadas y menos secas…” dice como soñando la paz en el mundo.

Pasado el rato le toca el turno al pecho. “Hombre a mí el top less me parece fenomenal, pero yo ni me lo planteo, qué va, imposible, tengo las tetas caídas y cada una mira hacia un lado. Quita quita”.

Me acuerdo de mi madre, que siempre me dice: “Estás ahora en la flor de la vida y te darás cuenta de que lo estás, cuando ya no lo estés”. Dice que a esta edad estamos todas muy guapas y que tenemos que lucir palmito más y ser más hedonistas, que el tiempo vuela. Me acuerdo de mi madre y pienso que es una sabia y que benditas madres, así, en general.

De repente vuelvo al muro de las lamentaciones este que tengo a dos metros de mi toalla y presto atención a las dos chicas que toman el sol. La gorda sigue enumerando defectos y su amiga no abre ni los ojos. Permanece inmóvil cara al sol. Dudo si le importa un carajo lo que le cuenta angustiada su acompañante o es que se sabe el discurso de memoria. La joven cuenta, además, que ahora no trabaja y que tiene mucho tiempo libre. La flaca del bikini rosa aprovecha para meter frase y le aconseja: “¿Y si pruebas a hacer deporte? A lo mejor te ayuda y te sientes mejor”.

Por un momento pienso: ole ahí ese gran consejo. Me parece muy acertado porque el deporte arregla la cabeza, el cuerpo y el alma como pocas cosas en esta vida. Sin embargo, luego me quedo pensando y yo juraría que, además del gimnasio, igual esta chica podría aconsejarle a su amiga que mire de quererse un poquito así. De quererse a sí.

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1 Comments
  1. prefiero las de tu izquierda, viven mejor, lucen palmito con el arte y el salero de quien le resbala todo y todos, han aprendido a gozar de lo que la vida nos da. prefiero las de tu izquierda (con mi piel)

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