Mi vida es un renuncio

Lo es, lo confieso. Mi vida es un renuncio. Un sainete de pacotilla, el primer acto de lo absurdo y mundanal. Una secuencia de desdichas al más puro estilo torpe y ordinario fruto del esperpento real y verdadero. Tengo una vida normal, corriente, frecuente y poco grandilocuente. Una jornada de ocho horas sentada en una oficina insustancial, unos padres quejicosos, un hermano adolescente, un ovario perezoso, una empaste recién arreglao y cita en la ITV para el miércoles que viene. Como decía, mi vida es un renuncio. Un posado equivocado, unas medidas inexactas, un bolsillo vacío, una lavadora por tender, una boda que pagar y cerrar los ojos en una foto de grupo. Y cuanto antes lo asumamos mejor para todos, porque la vida me provoca. Que una puede lucir resultona dándole a la brocha y sufriendo un ‘cambio radical’ al salir un sábado por la noche, quizá hasta estudiando con mimo y detalle los planos de cada vídeo para parecer más delgada, no tanto, espera, un poco más alta, hazte así, ponte bien el pelo, justo ahí, no te muevas, mete tripa, no respires, no vivas, muérete. Qué angustia, tanta pose, tanta copia, tanta copia de la copia, tanto quiero y no puedo, tanto cojo de aquí y de allí y me hago un popurrí, ya ves tú, con lo a gustico que estoy yo con mi día a día sin carisma, tan usual, tan común. Con sus vacas gordas y sus vacas flacas, con sus traumas y sus filias, con la piña en la nevera que se me ha hecho mala otra vez, si es que no se puede ser tan normal, tan vulgar y del montón. Tan TOC y tan amante de esta vida sin sentido, insulsa, incolora, inodora y sencilla, que no simple. Porque lo primero es antes y lo primario, lo importante.

SnapchatTwitterFacebookInstagramYouTube @soylaForte

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2 Comments
  1. Forte que buena eres leche

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