Mi padre se ha descarao

“Te aseguro que estos han ido a un rastro de esos de personas rehabilitándose y han comprado por dos duros todos los muebles que hay en el local”. 

Mi padre, que se ha descarao. De un tiempo a esta parte no se corta un duro en largar por esa boquita de piñón que Dios le ha dado todo lo que le viene a la cabeza. Y le importa un comino quién haya delante. Él ya está por encima del bien y del mal y le chupa todo un pie.

“Alma, por favor, mira el suelo. Esto es terrazo de caseta de campo, ¿es que no lo ves? ¿Y las sillas? ¡Cada una de una manera! ¡Pero si se las habrán regalao!”. El pobre hombre no da crédito. Esta mañana me lo he llevado a desayunar a un cuquisitio y claro, estaba que no se encontraba. Decía que cuando él era pequeño le llevaban a un merendero que se llamaba El Romeral y que había unas sillas “igual de oxidadas que estas” donde se sentaban a tomar una gaseosa y una Mirinda. Yo al tercer comentario sobre la decoración del local ya he fingido que no le conocía porque mi padre esto lo decía a un volumen que le podía escuchar media cafetería, igual que cuando mi madre va a Zara y se queja de que “los acabados de las prendas no están bien cosidos”. Mamá, es Zara, no Prada, por el amor de Dios.

El caso es que mientras mi padre partía un trozo de coca de llanda seguía despotricando de los modernos y toda su estirpe: “Esta gente son unos listos. Esto no se puede llamar ni mesa. Menudo tablero inestable. ¡Si está coja! ¡Y está por acabar! Lo mismo que el ventilador ese que tienen ahí. ¡Pero si está apagao!”. Yo le he interrumpido para decirle que era decoración y que se llamaba vintage. Él me decía que “ni vintage ni vintoge. Ese ventilador lo tenía tu abuelo en su consulta cuando era joven y ya era un cacharro horrible”.

Nada, que no ha habido manera. Al final me lo he tenido que llevar, presa de la ira y la indignación, con una controversia encima que no le cabía en el cuerpo.

Yo he de decir que me he callado por no tenerla, pero el caso es que ahora lo pienso y el hombre tiene razón. Que sí, que las modas están muy bien. Y que lo nórdico y lo setentero es ideal de la muerte. Pero nos estamos agilipollando. Y en los cuquisitios te cobran por dos tostadas y un café casi seis euros. O sea, prácticamente lo mismo que un menú de carretera. No sé en qué momento hemos perdido el juicio de esta forma. Quizá en el mismo momento en el que fue guay volver a llevar zapatones de payaso en vez de un calzado de persona normal. Sic.

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Si todavía no has escuchado mi ‘Carta abierta a… Mercedes Milá’, pásate por mi canal de Spreaker. Texto de una servidora y audio de Carles Navarro :)

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7 Comments
  1. Yo tengo que decir que soy #TeamAlmasDad hasta el final!
    El otro día fui a hacer el “brunch” con una amiga (cuando toda la vida de Dios ha sido desayunar a la hora de los vagos) a un cuquisitio de estos y le decía que hace 10 años montan un bar así y no entra ni el tato!!!
    Esos butacones que yonoquierosaberquiénsehasentaoahíantes!!! Esas sillas desvencijadas… coño, que hasta el cuquizumo me lo pusieron en un bote de cristal reciclao!!! Compra unas Mason Jars, copón… gástate un duro!!! ;) jaja

  2. Ya era fan de tu IG,y me declaro superfan de tu página y de tu padre,porsupuesto….Lo vintage está sobreestimado,para reciclar cosas viejas,ya las reciclo yo!

  3. Pues TENME EN CUENTA A MÍ TAMBIÉN…. pa cuando llegue ese “algún dia”. Gracias !!!

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