¿Me tiras la basura?

No tengo ni idea de cómo se llama. Tampoco sé su edad. Ni si tiene hijos o vive sola. Quizá ronda los setenta y largos. A lo mejor se llama Nuria o Montserrat o María. Se mueve despacio y usa un bastón. Está un poco gorda y siempre lleva una rebeca marrón y una medallita de oro colgando del cuello. Utiliza gafas, de esas sin montura bastante modernas y cuando se da la vuelta se le ve un poco la coronilla porque tiene poco pelo ya.

Desde el primer momento me sorprendió que viva ahí. ¿Ahí?, pensé. Pero si es una casa con persiana, parece el bajo de un comercio. Pero luego me he ido acostumbrando a verla entrar y salir de su casa sin cerrojo. Alguna mañana, mientras camino hacia el trabajo, he visto cómo un chico alto y joven le sube la persiana porque ella no llega y si no le ayudan entonces se le queda la puerta medio abierta medio cerrada. Yo no la saludo porque me da vergüenza, pero vaya, aunque no sepa nada de ella, cuando la veo sacar la basura a la puerta, me acerco y le digo algo. Ella me mira por encima de las gafas un poco tímida. Aunque no sé si es timidez o que no oye nada de lo que le digo, por eso yo le grito y le hablo muy alto. Mi madre dice que siempre hago esto con las personas mayores, que tiendo a hablar a grito pelao y que no hace falta, que un día de estos me van a mirar mal porque hay gente que oye perfectamente y que parezco idiota.

El caso es que ya van varias veces que sin que ella me lo diga, yo directamente abro su puerta y cojo la bolsa de basura. Lo mismo un día me denuncian por allanamiento de morada. Pero yo lo hago por bien, para hacerle un favor, porque ella ni puede pisar el pedal del contenedor ni tiene fuerza para abrir la puerta.

El otro día cuando me acerqué para coger la bolsa de basura, vi que un señor  de pelo blanco se paraba en su puerta. Iba muy guapo, con un jersey verde aceituna y el cuello de la camisa por fuera en plan galán. Di un paso atrás y decidí observar. El abuelito abrió la puerta y entró como Pedro por su casa. Me dieron unas ganas de entrar allí con ellos que no veas. Fijo que habría galletitas y café o Mistela o vete a saber. Y una mesa camilla con un brasero en las piernas para estar hablando de la vida tranquilamente. Otro día se lo voy a proponer. Que cuando vayan sus amigos me avise, oye, que yo también quiero estar.

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(Por cierto, échale un ojo a mi cuenta de Twitter que allí hablo igual que aquí, pero más corto. Y si no tienes ganas de leer, y prefieres escuchar, en Spreaker puedes oír un montón de audios de mis posts) 

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1 Comments
  1. Cómo te gusta el jaleo!
    Pero entonces ese señor quien es? a ver si consigues entrar a una merienda de esas que mi imaginación ya vuela y veo ahi un panorama muy Burtoniano y quiero que seas Alicia.

    Felices días, espero que los pases en la terreta!

    Muak

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