Mamá

No supe que eran madre e hijo hasta pasadas unas semanas. Ella es una mujer joven, de mediana estatura, con mechas rubias perfectamente cuidadas y grandes ojos escondidos detrás de las gafas de diseño que habitualmente lleva. Es de esas mujeres que dan sensación de limpieza. De las que no necesitan grandes abalorios para proyectar serenidad y dar una buena impresión. Inspira respeto y lo sabe, pero también se intuye debajo de esas ocho horas de trabajo, una mujer familiar, quizá amante de los chistes, el tiramisú y las nuevas tecnologías. Esta ‘cara B’ es la que más me gusta descubrir de las personas. La cara en la que son personas, y no jefes, maestros, odontólogos, vecinos. Me atrae de una manera desorbitada imaginar a una persona siendo persona. Y a ella la sorprendí un día ‘cuidando’ con mimo a un compañero de trabajo. Yo nunca digo nada ni pregunto de más ni hago alusiones a nada de nada de nada. Pero me quedo con la copla de todo. Y ese día la escuché decir al chico joven, de una manera tierna y entrañable: “¡Abrígate, que hace frío!”. Me llamó poderosamente la atención. Pensé que qué amable, que ya ves cómo se preocupa por el bienestar del que tiene a su alrededor y que felicidades.

Pasados los días me enteré de que son madre e hijo. El hecho de estar lejos de mi Madre me hace ver mamás allá donde voy. Y cuando me lo contaron me brillaron los ojos y sonreí muy fuerte por dentro. Sonreí al atar cabos, sonreí al descubrirla como Madre y sonreí al entender que, una vez más, Ellas ganan. Las Madres son seres superiores, seres mejores capaces de dejar absolutamente todo lo que tengan entre manos para ir a abrocharle el último botón de la cazadora a su hijo, tenga la edad que tenga. Yo siempre apelo al hecho de haber compartido entrañas, de haber generado una relación irrepetible con ellas desde que somos. Desde que existimos.

Esta noche he estado muy malita y ha sido la primera vez que he vomitado casi 13 horas seguidas sin que ella apareciera por la puerta del cuarto de baño en pijama, despeinada y preocupada por mí. ¿Qué tienen que con una sola frase, o ni siquiera, con su sola presencia nos basta para sentir que no estamos solos? Me he mareado, he tenido sudores, me dolían hasta los ojos y la espalda y yo no hacía más que pensar en Ella. En la de veces que me ha pasado esto y s-i-e-m-p-r-e ha estado a mi lado. Maldita sea joder, que sólo nos damos cuenta de lo que valen cuando no las tenemos cerca. Creo que va siendo hora de que baje a Valencia. Y me la coma a besos.

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9 Comments
  1. Que bonito Almi, yo la tengo a 70 km y mira que está cerca pero hay veces que es muy lejos.

  2. Ooooh…. :( Espero que ya te encuentres mucho mejor y sí, definitivamente, baja a Valencia y cómetela a besos!!! :D

  3. Yo vuelvo a casa el viernes. No son buenos días para mi ni para ella. Y sólo pienso en su abrazo. EL abrazo.

    PD: Recupérese pronto, Srta. Forte.

  4. Ánimo! Yo la tengo solo a 70kms pero siempre que estoy malito la tengo colgada del teléfono!!

  5. Madres, esos seres con superpoderes que deberían poner sucursales allí donde las hijas nos mudamos……

  6. Madre no hay más que una. Y cuando crees q la puedes perder… buff sudores fríos, q me han enseñado a saborearla hasta el infinito y más allà.
    Corre y ni lo pienses, Valencia te va a regalar abrazar y besuquear a tú madre ;)

  7. Se me han humedecido los ojos!!! Yo la tengo que 2500 km y la echo tanto de menos! !!

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