López

López llegó a nuestras vidas el día que mi hermano hizo su Primera Comunión. Guille quería un perrito blanco y montó una campaña de acoso y derribo durante meses que ya querrían muchos políticos para sus pre-elecciones. Obviamente consiguió su objetivo y nuestro mini westie apareció dentro de una cajita con un lazo rojo. Tengo ese momento grabado en la retina, como si lo estuviera viviendo ahora mismo. Han pasado casi diez años de todo aquello y López hoy es un Señor Perro medioblancomediogris, con un carácter absolutamente definido y una personalidad férrea e inamovible. Es tozudo, cabezota, “muy terrier”. A Guille le encanta López y a López, Guille. Se miran y se guiñan un ojo (?) y, aunque ambos saben que aquí la que pone la comida es una servidora, disimulan y se aman sin medida y sin dedicar ni una mísera muestra de cariño hacia la arriba firmante. A mí no me importa, porque de verles queriéndose tanto, me cae la baba. Me cae la baba por los dos, porque yo con ese niño tengo una relación entrañable, de las entrañas, de haber vivido con él cosas que no he vivido con nadie. Y ya sé que no es la primera vez que hablo de Guillermo, pero, como dirían los andaluces, “yo es que le quiero una cosa que no se pué aguantar”. El caso es que el dúo cómico que hoy nos ocupa, a partir de mañana dejará de estar en mi sitcom diaria. Me da una pena horrible y me acompaña un smoothie de sentimientos “mezclados, no agitados” que me convierten en un hervidero de morriña, miedo, alegría, ilusión… López no entiende nada, pero siente mucho, y a mí ese pequeño ser de patitas cortas y rabo pizpireto me evoca palpitaciones de amor con cada mirada sincera y devota que me dedica. Lleva toda una vida íntegramente entregado a amarnos, a hacernos felices y a acompañarnos. Esa es toda su tarea y todo su fin: querernos. Hoy no puedo más que recordar la primera vez que le vi, cuando le elegí a él y no a su hermano gemelo. Me quedé con López porque era un poco más feillo y pensé que con esas manchitas en el cuello a lo mejor nadie lo quería. Era un cachorro de tres meses y no toleraba estar solo bajo ningún concepto. Sin embargo la primera noche la tuvo que pasar solito, en una casa que no conocía y sin su mamá ni sus hermanos. He pensado más de una vez en esas horas que estuvo sin nadie, muerto de miedo seguramente, preguntándose qué vendría a partir de ahora. Hoy no me quito esa imagen de la cabeza, porque yo estoy exactamente igual. La diferencia es que sé cómo continuó la historia de López. Rodeado de amor y mimos. Él no se acuerda de nada y te mira feliz y contento porque no se puede sentir más dichoso. Brindo por que después de esta noche, yo también me sienta feliz y contenta y me espere una historia igual que la de López.

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11 Comments
  1. Igual o mejor, Alma… Igual o mejor!!!!
    Y si algún día necesitas algo… silba, vecina de ciudad!!! :)

  2. Seguro que te espera de lo bueno lo mejor, un patato abrazo enoooooorme!

  3. Me has hecho llorar, p**a (¿aquí se puede decir puta?). No te pongas tan boba que tienes mucho de Almi pero no olvides que eres Forte.

  4. vienen cosas que ni te imaginas, con tu vida brillando por encima de todo y tú riéndote mucho, mucho :) yo lo estoy soñando ya

  5. Ay López! Ayayayayay! Amor del güeno pequenita! (Ya sabes que a mi me robó el corazón) Señorita Forte, sólo le esperan cosas de las buenas y un poquito de morriña! Y si acaso alguna no tan buena (pero malo nadaaa!) Que se entere Bcn de lo que vale un peine!
    P.d. En unos años estarás acordandote de aquel blog con el que todo empezó y seguro que el balance es como el de López ;) o más! Un besoteee!

  6. Aquí, un jueves con el café y las tostadas y llorando como una magdalena pensando en el pobre López,

    Muy bonito si señor!

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