Llorar pa’dentro

No sé de dónde saca las fuerzas. De dónde repesca esa energía que cada mañana la levanta como un resorte de la cama. No sé de dónde le brotan las ganas de alzarse cuando se cae. Ella dice que son sus hijos, su familia. Imagino que será eso, el sentimiento de saberse faro para ellos. Pero Loli es de esas mujeres fascinantes que no lloran. Y si lloran, lloran pa’dentro, porque hasta para eso son generosas.

Loli está jodida. No tiene trabajo, ni casa propia, ni marido que le ayude a alimentar a sus dos hijos. “Pero tengo unos cojones que vas a ver tú como esto lo saco yo adelante”. Dice muchas palabrotas y no habla muy bien, pero cualquiera le chista y le espeta que oye mira, esto se dice así o asá. Porque no ha leído mucho en su vida y bastante tiene ella con quedarse ‘de estrangis’ alguna vez el Yo Dona del bar de Mariana, como para que la líes tú con tus normas gramaticales.

Últimamente ha echado unos kilos de más. Se mira poco en el espejo, pero su hermana se lo ha dicho esta mañana desayunando y ya, pues se ha dado cuenta. Ha engordado, pero qué le vamos a hacer. Hoy está contenta porque le han devuelto 300 “euretes” por un error que hubo hace tiempo con el contador del agua. Ese dinero le ha solucionado el mes, y hoy moja el pan con mantequilla en el café con leche respirando un poco más tranquila, sin fatiga. “Si es que siempre vas atacá, Loli, así no puedes seguir, vas a caer mala”. Pero Loli sabe que no puede permitírselo. ¿Enfermar? ¿Qué harían sin ella? Es suficiente creer que la vida de alguien depende de la de uno mismo para no negarle su compañía, por harto que se esté de la vida en común. Loli no sabe explicarlo, pero en las debilidades anímicas ni piensa. “Si las pienso se hacen grandes”, dice mientras pasa el paño húmedo por el banco de la cocina. Después ralla una zanahoria y continúa: “Yo llevo la vida como un coche, conduciendo palante y sin pensar mucho. Meto quinta, piso el acelerador, aprieto el culo y sigo como puedo”. Aunque tenga que aguar un poco el caldo de las estrellitas de por la noche, para que cunda más. Aunque a su hija no le compre las Oreo marca Oreo, aunque el de la carnicería le fíe más de una y de dos veces y aunque no pise una peluquería desde hace más de dos años. Loli cada noche se unta la misma crema hidratante en la cara y en las manos y en los labios. Y apaga la luz de la mesita pensando en qué hará de comer al día siguiente. A veces se le escapa alguna lagrimilla y ella la deja caer, porque bueno, “por lo menos aquí no me ve nadie”.

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4 Comments
  1. Cuántas Lolis conocemos? Cuántas veces hemos sido Loli en algún momento? Y cuándo cojones se nos dijo que teníamos que ser NOSOTRAS ese arreglo a todos los males… Ains que me canso ya de llorar pa’dentro, y lo que me queda…

  2. Venga hombre. Venga. Mira, no te digo na. Tú ya lo sabes. Brava, coño.

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