La 509 (y II)

Pum. Aquella frase me puso la piel de gallina y casi me caigo de los tacones de golpe. Menos mal que tengo reflejos y me apoyé discretamente en el marco de la puerta. Por el amor del cielo, ¿pero este hombre de dónde sale? Yo seguía como los músicos del Titanic, tocando mi melodía hasta el final, intentando volver a recuperar la situación y queriendo controlar. Controlarme a mí, controlarle a él, controlar algo, aunque fuera la música. Gracias a dios ya me estoy haciendo muy mayor y cada vez soy más flexible y trabajo por mi adaptabilidad a las diferentes situaciones, así que llegó un punto en el que dije: “Oye Almi mira ya está bien, vale ya de resistirte. Déjate querer, dominar, manipular o lo que quiera que vaya a hacerte este Hombre y su bendita camisa blanca”. 

En ese diálogo interno me debatía yo cuando el corcho saltando de una botella de vino me sacó de mis pensamientos. “Más vino, lo que faltaba”. Don Hoyuelos se había descalzado y andaba por allí como Pedro por su casa. Mientras tanto, yo no quería ni sentarme en la cama, por si se me veía el culo un poco. Hay que ser mojigata.

Después de comer un poco de queso y un Kit Kat cada uno, a continuación llegaron tres asaltos que me dejaron bien claro que yo soy una inocentona y una feliz de la vida. El Hombre de la camisa blanca se mereció un Goya al mejor actor revelación porque su inesperada actuación en el Show de Almi fue de premio. El capítulo de la 509 estuvo muy bien interpretado, con una ejecución limpia y exquisita, una banda sonora inmejorable y un guión y montaje mejor que el de Pretty Woman. Encima no paraba de decirme cosas bonitas y yo, que aunque parezca imposible también me pasa, me quedaba sin saber qué decir. ¡Yo! ¡Sin saber qué decir! Me faltó el canto de un duro para ponerme el sujetador y largarme de allí de la vergüenza que estaba pasando. Las mujeres somos así de retrasadas, cuando nos miran siempre pensamos que están observando nuestros defectos. “Seguro que está viendo mi lunar, con lo que yo lo odio”. O “¿se habrá dado cuenta de que tengo piel de naranja?”. 

Un rato más tarde era yo quien le observaba a él, tan guapo, tan encima de mí, tan cariñoso… y pensé que ya quisiera Richard Gere que le quedara la camisa blanca como le quedaba a mi Hombre. Don Hoyuelos, estás para comerte a cucharadas, como un yogur.

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4 Comments
  1. Querida Almi, esta historia tuya está convirtiéndose en una obsesión para mi, en plan guay (no te pienses que soy una especie de loca o algo, bueno un poco sí). ¡Ay qué ver que no te conozco de nada y me alegro de este romance tuyo como si fueras mi amiga! =) ¡Un saludo!

  2. Ayyyyyyyyyyyyyy, Almix!!! Qué me alegro por tí, copónbendito!!! :D
    Saluda a Don Hoyuelos de una de tus Forteliers más acérrimas ;)

  3. Hoyuelos, camisa blanca y capitán del barco es una mezcla que no puede defraudar.
    Querida Almi, navega libremente y bébete los mares por el Señor 509 (en esas se me ha puesto la tensión al leer LA FRASE) que lo que tenga que pasar pasara y lo bien que se queda una si al final (o no, dios quiera porque sino la liamos parda las forteliers) una suelta: que me quiten lo bailao!
    Pues eso, baila hasta el final!
    Besitos bonita!

  4. ME EN-CAN-TA!

    P.D queremos más!

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