La 509 (I)

Soy una pardilla. Qué le vamos a hacer. Lo asumo desde el principio y así no nos andamos con eufemismos. Tuve muy claro que la situación se me escapaba de las manos desde el minuto uno, cuando llegamos a aquel bar y el Hombre de la camisa blanca se pidió un gintonic. En mi cabeza tenía pensado pedir una CocaCola Zero pero claro, al escuchar su Martin Miller’s mi boca pidió una copa de vino. Y gracias, porque si llego a empezar la noche ya con un gintonic, me habría puesto muy graciosa nada más llegar y solo eran las nueve de la noche.

El caso es que soy una niñata y por lo visto todavía no me he caído del árbol. Si ya lo dice mi madre: “Alma tú estás por criar”. Y bueno, las madres siempre tienen razón, no sé cómo lo hacen. Aquella noche yo creía que llevaba la batuta y que podía, perfectamente, coronarme como jefa de nuestra recién estrenada entidad como hombre y mujer. Nada más lejos de la realidad. Don Hoyuelos había dejado de lado su rol de tímido agazapado y salió de su madriguera para convertirse en el nuevo dominador de la situación. Mis ojos no daban crédito ante la tranquilidad con la que actuaba en todo momento. Estaba relajado, disfrutando de mí, de nosotros, mirándome con esos ojos que a cualquiera la volverían idiota perdida y permitiéndose (esto es duro admitirlo pero es así) jugar conmigo y con el ataque de nervios que me estaba dando al verle a él tan pancho.

Por unos motivos que no vienen a cuento, el Hombre de la camisa blanca y una servidora acabaron, después de las copas mencionadas, entre cuatro paredes bastante acogedoras. Lo que pasó a partir del momento en el que esa puerta se cerró, no es de este planeta. Aquel joven vergonzoso que tanto apuro le daba acercarse a medio metro de mi cara, había desaparecido. A cambio me encontré a un Hombre de la camisa blanca con una templanza que ya la quisiera yo para mí. Se encontraba cómodo allí. Estaba a gusto, se quitó la americana lentamente, la colocó con cuidado sobre una silla, se remangó la camisa y se sentó encima de una mesa. Yo mientras le miraba con los ojos como dos canicas y no entendía muy bien qué estaba pasando. Joder, ¿en qué momento yo había perdido el título de capitana? ¿Por qué estaba mandando él? Intentaba controlar mis nervios pero ya no era posible. De repente, se acercó a mi oído y me dijo: “Sabes que aquí se va a liar muy parda, ¿no?”. 

Continuará…

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5 Comments
  1. Ayyy!!! Cómo nos puedes dejar con esta intriga mujer!!!!!

  2. Woooot, woooot!!!! Sabía que no nos podías dejar sin la continuación :)
    Ahora… sigueeeeeeeeeeeeeeeee, vengaaaaaaaaaaaaaa!!!!! ;) Ansiosastoy!!

  3. Me tenías en vilo!!! Necesito leer más!!!

  4. Ooooooooooooooooooooooo…….. Y ahora como sigo con mi vidaaaaaaaa…

  5. Eres mala Alma!! Con él habrás perdido el control, pero a nosotras nos tienes ahí donde nos querías… expectantes a más no poder!

    Parte 2 ya!!! :-)

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