Hasta el cielo lloraba

Claro. ¿Qué otro título si no? Cada puta vez que estoy en Barcelona, me vuelvo a ir. Yo no sé qué es lo que tiene, o qué es lo que no me retiene, pero necesitar estar en un sitio y no estar, acaba por asfixiarte. Tampoco creo yo que le pida tanto a la vida, joder. No ansío un trabajo en Bruselas ni la fortuna de un rico heredero. No necesito, como diría Groucho, ‘un pequeño yate y una pequeña mansión’.

La Barcelona que construyó piedra a piedra esa Catedral del Mar es la que me hace soñar, desde que tenía unos once años, que subo las persianas cada mañana y estoy allí. Ya ves tú, me siento gilipollas con estas cosas porque a fin de cuentas mi ambición es más bien mundana. Algo tan nimio como cambiar de residencia y echar raíces allí. Cambiar de aires, cambiar de gente, cambiar de ambiente, de olores, de colores, de costumbres, de vida. Cambiar.

¿Cómo sería mi vida allí? Hombre, esta es mi historia y me la imagino un éxito en las taquillas, por supuesto. En mi película catalana, Almi tiene un novio catalán que le dice ‘apa, nena’ y le lleva al Tibidabo y a cenar por Enric Granados y la Rambla. Además la Almi imaginaria come tartas y no engorda, porque esto es todo ficción y los personajes de ficción no engordan si el autor no quiere. Almi lleva una Moritz en una mano, un Cacaolat en la otra, dice ‘merci’ como si fuera natural del Eixample de toda la vida y trae la forma de la rajola de la flor plantada en el zapato. El -estupendo y carismático- novio de Almi se burla de sus ‘che, nano y tete’ y protesta de los taxistas catalanes, como manda la tradición.

Mi novio catalán me entiende perfectamente cuando le digo que soy tan de ahí, que aquí no soy. Y no hace falta que le diga nada más, porque con sólo mirarme ya sabe lo que me pasa. Creo que la profesión de mi partenaire va a ser psicólogo, para que me enderece cuando se me vaya la pinza.

Pero, por mucho éxito que tenga mi peli, por muy aclamada que sea por crítica y público, por mucho que hasta Boyero hable bien de ella, siempre acabo en Valencia, y, casualidad o no, últimamente cada vez que me voy de allí, hasta el cielo llora.

Bueno, supongo que volveré. Siempre lo hago.

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8 Comments
  1. Me quito el sombrero con esta entrada en tu blog porque sencillamente es INCREÍBLE!

  2. Entiendo. Me ocurre igual con una ciudad vecina. Tan cerca pero sin estar.

  3. Me encanta Almi! Eres una artista… siempre he querido cambiar de aires y echar raices, como dices… y cuando tuve la oportunidad las raices no cuajaron demasiado… pero nunca es tarde!

  4. oh!! Almi pues haz un planteamiento y vente. BCN esta cerca y es relativamente fácil. Eso si, yo un novio de esos que dices hace tiempo que no veo por aqui. (soy gracebcnpics en IG, alguna vez te he comentado)

    • Jajaja! Hola guapa! Qué alegría ver que también andas por aquí. Si al final somos un grupete majo ;) Gracias por los ánimos. (Lo del novio catalán queda pendiente por lo que veo xD)

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