Espejismos

Iván se me presenta sonriente y cargado con una mochila, cien carpetas y muchos nervios. Me besa hundiendo mucho los labios en las mejillas, con ímpetu y ganas, indicativo, supongo, de la juventud que le corresponde. Para romper el hielo y matar los primeros minutos de mal trago, me comenta que vive lejos del lugar donde hemos quedado, cosa que hace que me sienta un poco responsable de haber elegido yo el sitio para reunirnos.

Tras pedir un par de refrescos, sin darme cuenta tomo las riendas de la conversación, hasta que soy consciente de que -esta vez- no es mi papel coger la batuta y dirigir la orquesta. Así que le cedo el turno y saca una lista de preguntas que tiene preparadas para mí. Iván viste una sudadera verde menta con un estampado de dinosaurios que me encanta. Lleva gafas y el pelo peinado hacia un lado. Intuyo que le gusta el tema del que hace el reportaje y se nota, a su pesar supongo, que es la primera vez que lo hace. Hay momentos de su entrevista en los que desconecto y me abstraigo y me veo desde fuera en él. Me veo en él, sí. Porque yo también he sido Iván y también hice un primer reportaje para la asignatura de Redacción. El mío fue sobre Patxi, un trasplantado bipulmonar que escupía un titular tras otro. Tuve mucha suerte porque Patxi hablaba por los codos y había contado tantas veces su historia que la narraba con mucha coherencia y tino. Me preguntaba, mientras Iván me invitaba a una Fanta de limón, si yo se lo estaba poniendo fácil a él o si había iniciado un discurso enrevesado sin ningún tipo de lógica. Lo cierto es que en mi vida me habría imaginado siendo motivo de una entrevista, aunque sea (ojo, sin menospreciar) de un estudiante. Pensé varias veces que ‘donde te ves, yo me vi… donde me ves, te verás’. Y pensé que si yo fui afortunada con mi primer entrevistado, me correspondía pagarle a este joven Periodista con la misma moneda. Y es lo que intenté. No sin irme por las ramas presa del énfasis con según qué preguntas, lo confieso. Era la emoción. La emoción de saberme frente a un espejo, la emoción de ver en ese chaval el paso del tiempo, de constatar la crueldad y las falsas divas que hay por el mundo porque me confesó que otras personas le habían dado una negativa para entrevistarse con él. Malditas drama queens, no sé qué se piensan, coño. Se ve que ellas nunca empezaron desde abajo. Iván, ni caso. Nosotros a lo nuestro. Y a que nos pongan una notaza en tu reportaje. Nos vemos, colega.

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