Esa niña era yo

Era bastante fea. Para qué negarlo. La gente que dice que todos los niños son guapos se equivoca. Aquella niña del autobús era bastante fea. Llevaba ortodoncia, tenía las uñas comidas y una cantidad de pelo en la cabeza que parecía Gloria Gaynor.

Iba sentada a mi lado y leía un libro ‘de mayores’. Se notaba que estaba muy acostumbrada a leer porque tenía las páginas marcadas y, pese a que podría haber ido mirando el móvil, eligió leer. Me fascinaba mirarla. En primer lugar porque la gente que lee en el bus y no se marea para mí ya son superhéroes. Y en segundo lugar porque esa niña era yo. Esa niña era Alma con 12 años. Un primor de pre adolescente más fea que un pan duro. Me la imaginé en su habitación con cama nido de madera marrón clarito. Me imaginé sus estanterías con algún peluche arrinconado, fruto de un pasado que se resistía a marchar. Imaginé alguna revista ‘de mayores’, donde los reportajes de la boy band de turno se alternaban con preguntas en primera persona respondidas ‘por un experto en la materia’. Esa niña, que fijo era muy buena en literatura y muy mala en matemáticas, era yo. Seguramente le habrían regalado tres o cuatro libros por su cumpleaños y una colonia y un par de zapatillas. Puede que viniera de casa de su abuela y ahora cogía el 23 para ir de vuelta a su casa. Y ese trayecto, por muy largo o corto que fuera, había decidido que lo invertiría en la lectura del libro de turno. Con qué cerrazón miraba sus páginas, cuán absorta estaba, coño. Yo temía que se le pasara su parada, porque también he estado en esas de perderme totalmente entre las páginas de un libro que te engancha y te atrapa y no te deja -ni quieres- salir de él. Recuerdo los domingos por la mañana leyendo con mi padre y los sábados que iba con mi madre a El Corte Inglés y la primera parada era en la librería. Me compraba un Barco de Vapor (primero blanco, luego azul, después naranja y cuando ya me hice más mayor, rojo) y yo le prometía que el resto de la tarde me iba a portar muy bien muy bien y le iba a dejar hacer los recados pertinentes. En alguna ocasión mi madre ‘me colocaba’ en los probadores o en los sofás de la zapatería y me dejaba allí leyendo mientras ella seguía con sus cosas. Yo ya no oía, ni veía, ni atendía a razones. Estaba metida en la historia de Querida Susi, Querido Paul o de Charlie y la fábrica de chocolate y no escuchaba cuando mi pobre madre me preguntaba que qué zapatos prefería para llevar con el uniforme del cole. Ella siempre cuenta que “los libros no te duraban nada Alma, te los compraba al principio de la tarde, y cuando llegábamos a casa, en el trayecto del coche ya te los habías acabado”. Digo yo que será que esa Almi era de mejor calidad que la de ahora. Porque tú ahora me montas en un coche y me pongo a vomitar sin discriminación ni pudor ninguno. Menudo futuro le espera a la niña de ortodoncia que iba en el bus. Como siga mis pasos, que prepare la Biodramina.

 

(Como lo mío no es estar calladita precisamente, tengo un perfil en Spreaker con todos los audioblogs. No basta con leerlo. Hay que escucharlo)

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6 Comments
  1. tu no eras fea ni aunque quisieras, y en cuanto al leer qué me dices de Enid Blyton ??? no te enganchaba????
    yo cogi el placer por la lectura desde niña y este verano estoy fundiendo libros, que ganas tenia de joder leer!!!!!!!!
    la chica del tren es de los que atrapan… ;) finiquitado en dos noches, si tienes ebook y tiempo te lo paso!

    muaaaaaaaaaaaaaaaaak

  2. “de joder leer”…
    vete tu a saber donde estaba mi subconsciente…
    “de leer, joder!” quería decir

  3. Ay, Querida Susi, Querido Paul… No te haces una idea de lo identificada que me he sentido… Si es que parecía que me estabas describiendo a mí!!! Me regalaron “El principe de la niebla”, de Carlos Ruiz Zafón en mi cumpleaños, en el desayuno, y por la tarde ya me lo había ventilado… Y mi madre me dejaba en el Pryca (donde estará ahora el Pryca…), en la sección de libros, sentada en el suelo, se iba a hacer la compra y luego volvía a buscarme…

  4. Ay, Querida Susi, Querido Paul…..mi primer libro, el que más y mejor recuerdo, lo llevaba conmigo a todas partes aún después de leído….Que recuerdos…el barco de vapor….

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