En este y otros mundos

De cómo las madres hacen magia. De cómo se sacan de la chistera ese “trae p’acá que tú no sabes”. Ese “ven que ya lo hago yo”. Y ese “a que voy yo y lo encuentro”. Fíjate, qué curioso. Lo encuentran todo. Y las muy gatas van por la vida sigilosas, como si tal cosa, repletas de humildades y atesorando achaques que esconden porque “total, ya se me pasará”. Derrochan amor por cada poro de su cuerpo y almacenan en los bolsillos una capacidad infinita de querer.
No entiendo qué misterio las convierte en heroínas cuando son madres y porqué hacen la mejor paella del mundo y curan las picaduras de mosquito como nadie. No entiendo que no les dé asco hurgar y limpiar donde otros nunca hurgaríamos ni limpiaríamos. No entiendo con qué superpoder mi madre ha matado cucarachas y ha sacado mi ortodoncia del váter cuando se me caía de pequeña. Son magas. Son la versión más visceral y pura del amor. Son quienes dan sentido a la vida y ponen orden en el desorden. Mi madre conduce si yo estoy cansada y dice que no tiene sueño aunque se esté durmiendo por los rincones. No le duele nada si a mí me duele algo. Se queja pero bajito y cuando nadie la oye porque mis quejas van primero. Si no llega a probar ni una sola galleta de la caja metálica le da igual, porque yo las he disfrutado tanto que a ella ya le saben bien. Se queda con los  yogures de piña porque a nadie nos gustan y compra el suavizante que huele como me gusta a mí. Me tapa si intuye ligeramente que tengo frío y ve el informativo que quiero ver yo. Aguanta mis malas palabras y aunque sea en un mensaje de WhatsApp me dice que coma, que me abrigue y que tenga cuidado ‘con todo’. Parece que la oigo: “Alma ten cuidado con todo”. Y así desde que tengo uso de razón. Aunque a veces no me dé tiempo a pintarle las uñas o a escuchar sus historias. Ella siempre escucha las mías. O aunque a veces proteste si la comida lleva mucha sal o le diga que pisa mucho el embrague cuando conduce. Lo suyo es incondicional. Por siempre y para siempre, su amor. En este y en otros mundos que nos encontremos.
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8 Comments
  1. Qué bonito! :)

  2. Son superheroínas, habría que hacerles mil homenajes:)

  3. ¡Qué bonito Alma! Hace mucho tiempo que no vivo en la misma ciudad que la mía y quizás por eso sé lo que es echarla de menos. Así que ahora dejo que me tape y me dé besos a todas horas cuando la visito, me gusta que lo haga porque sé que ella lo disfruta (y yo también aunque lo negaré ante cualquier tribunal, jeje).

  4. Ay, Almita que me he emocionaU! :’) Qué bonito y qué bien escribes
    Y cuánta razón! Estas mamis molan mil!!! :D

  5. Ooooh… Qué bonito y qué bien dicho. <3

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