El vendemotos

Desde hace un tiempo me ronda por la cabeza un pensamiento que, como diría mi querida Esperanza Gracia, me inquienta, me atormenta y me perturba. Ya ves, como si no tuviera una ya bastante con lo suyo, que me pongo a darle vueltas a la paja ajena como si mi vida fuera derechita hacia el éxito por un camino de rosas fulgurante y directo hacia el triunfo.

En fin, me explico.

Resulta que últimamente me muevo en un entorno en el que, bajo mi prisma personal e intransferible, se cuece el perfecto caldo de cultivo para ‘vender motos’. Y es que he observado que estoy rodeada de personas a las que se les ha vendido magistralmente una moto o incluso ellas mismas son portadoras de otra moto y están dispuestas a colocarla por ahí. Y mira, no lo puedo soportar, es superior a mí, qué le vamos a hacer, intransigente que es una. Los tengo calaos y me pongo negra cuando veo a uno de estos sujetos iniciando el cortejo para seducir a su víctima y venderle la moto en un sagaz y brillante soliloquio persuasivo. O no, a veces ni siquiera hay derroche de creatividad. En ocasiones lo que se vislumbra no es precisamente una retórica digna de la picaresca española del Lazarillo, no, es un interés superlativo por colarle un gol a la víctima y apuntarse un tanto el vendedor.

He visto cosas que vosotros no creeríais. (“Atacar naves en llamas más allá de Orión”). He visto a decenas de chicas cegadas por esos seminarios cuquis (y caros) que te ayudan a ser un montón de cosas guays en un sencillo video-tutorial. He visto a jefes vendiendo cortes de pelo gratis a hombres calvos y chupetes a mujeres sin hijos. He visto cursos que enseñan a ser médico “en cinco sencillos pasos”, arquitecto en “un cómodo curso a distancia” y periodista “con diez tips para saber escribir bien”. He visto a gente hablar sin decir nada, hilando horas y horas de discurso vacío buscando un único objetivo: vender(te) su moto o, como dice la RAE: “Tratar de convencer a alguien de algo con mucha labia, especialmente si es falso o poco creíble”. Y es que -creo- lo que me saca de quicio es ver a mi alrededor a personas vendiendo humo, vendiendo burdas falacias inciertas, vendiendo patochadas, diciendo que tal o cual tónico es milagroso y te quita las arrugas o que “soy una personal shopper que te va a sacar del pozo de mierda en el que te encuentras porque, pobre de ti, no sabes qué ponerte cada día”. 

Oiga basta ya. Basta de camelos, de cuentos y de timos de la estampita. Estoy cansada de artimañas poco éticas y menos profesionales, de indecencia por parte del que vende y de doble moral por parte del que consume y luego oferta a su vez sus servicios. Menuda cruz tenemos en el siglo XXI rodeados de esta manipulación de las mentes que impera en cada esquina. Un consejo: menos motos y más desplazarse a pie.

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3 Comments
  1. ¡cOMPARTO Y APLAUDO, SÍ SEÑORA!

  2. Te ha faltado un señor vendiendo neveras a los esquimales, pero estoy totalmente de acuerdo contigo. Nos sobran vendemotos.

  3. Sara Valdés Fermoso

    Buenísimo ??????

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