El umbral del dolor (I)

He perdido el juicio. Sí, chiste facilón. Pero la foto que acompaña a este texto bien podría ser de mi -enorme y preciosa- muela del juicio inferior derecha. Qué dolor, por dios bendito. Aviso: hoy lunes he venido aquí a quejarme.

Y es que, por si todavía queda alguien que no lo sepa, la semana pasada ingresé en la Ruber Internacional para someterme a ‘unos arreglillos’. Nada, poca cosa. El código de barras, papada, pómulos, rinoplastia y, de paso, quitarme las muelas del juicio. Ojo, que esta película viene con secuela. En diciembre el cirujano y yo volvemos a vernos las caras.

En fin, menos coñas. Llegué al hospital con más miedo que si fueran a operarme a corazón abierto. Aquí si una es exagerada, es exagerada para todo. Y nada me podía calmar. Ya en la sala de espera vi salir a una señora de unos setenta años, riendo como si le hubieran insuflado el gas de la risa. No pude evitar preguntarle: -Señora, qué risas lleva usté. ¿No le ha dolido? Y la mujer, curtida en la vida y atraída quizá por mi inocencia y juventud, me dijo: -¿Esto? ¡Qué va hija! El médico es una maravilla. Y se limpió un chorrete de sangre que le caía por la comisura derecha.

Pensé que sí, que a mí me podía decir misa esa mujer, pero que su aliento llegaba cuando otras diez personas ya habían sembrado el pánico y me habían asegurado que aquello era ‘el infierno’. Miré a mi madre con ojitos de perro mojado y le susurré: -Tengo miedo. Y para mi sorpresa, me espetó: -Calla boba, ¿y la de pies de foto que vas a sacar tú de esta historia?

Joder, si ya lo digo yo. Es que la vida me provoca.

“Almax Forte, pase a la sala de estomatología 1”, escuché por megafonía. Y ahí iba yo: como un torero antes de salir a la plaza, tras haber arreglado en su hotel todos los santitos del altar. Me sentí como Bisbal, concentrado antes de salir a la misma plaza de toros que el torero del ejemplo anterior, pero sin toro. Me sentí como Lola Herrera antes de salir al escenario cuando tiene a toda la platea en silencio y los focos están apagados. Me sentí como Adriana Lima antes de abrir la pasarela de Nueva York. Bueno aquí igual ya me estoy viniendo arriba. El caso es que caminaba despacito, y sólo mi madre estaba allí, fiel escudera, cual María Navarro con Isabel Pantoja. Me acordé de Ausencio. ¿Qué clase de novio tengo yo? ¿Dónde está el amor cuando se le necesita? “A este le voy a pegar yo la patada más pronto…”. Igual no era el momento de divagar sobre el futuro de mi relación sentimental, pero una se da cuenta de quién está sólo a las maduras y desaparece a las duras. Estoy a punto de ver al hombre la Guadaña, joder. Veo la luz al final del túnel, ¿es que nadie lo entiende?

Continuará…

(Un apunte, si alguien tiene interés en verme bailar el Single Ladies con el body negro de Beyonce, puede hacerlo aquí. Na, es broma. Es mi monólogo sobre Instagram, pero chst, mola igual. Un día me arranco por Beyonce. Lo prometo)

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