Dos mitades

A veces me siento como en un chiringuito de Formentera, pero en la parte que no da al mar, la parte del asfalto, la de los camiones descargando cocacolas. Es una sensación rara, porque en el fondo soy consciente de que tengo muy cerca algo que brilla mucho, enorme y maravilloso. Pero yo estoy al otro lado, en la parte del no-glamour, en la parte del currante, del sacrificio y del que doblega cada mañana cuando dice ‘sí’ y quiere decir ‘no’.

No saber decir ‘no’ es uno de los grandes males del género femenino. No excluyo gratuitamente a los hombres, mi dato sólo responde a decenas de estudios realizados acerca de la culpabilidad y el cargo de responsabilidades.

A menudo una siente que con sólo girar la esquina, va a aparecer lo bueno. El chiringuito frente al mar, la cerveza fresquita, la sandía y la sombra en la tumbona bajo el cañizo. Pero esa sensación va acompañada casi siempre de otra: el agotamiento. El cansancio acumulado después de luchar tanto, de esperar tanto, de dar tanto por todo el mundo y olvidarte de ti. Nos cuidamos poco, nos autocomplacemos poco y nos maltratamos en exceso. El peor juez que tiene uno mismo es uno mismo. Nos hablamos fatal: “esta blusa me queda horrible”, “yo ese trabajo no lo voy a saber hacer en la vida”, “como siga engordando no lograré ser feliz jamás”… Y tratándonos de esa forma tan loable, acabamos por creernos la última mierda. No sabemos que somos seres estupendos y que nos merecemos lo mejor. No tenemos que conformarnos-con. No tenemos que dejar de creer que lo bueno es para el de enfrente. Nos creemos tan indignos de la felicidad que a veces uno se deja llevar por la amargura, el victimismo y la decadencia. Somos dos mitades: sólo hay que conseguir que la mitad de la ilusión venza a la mitad del pesimismo.

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4 Comments
  1. Qué grande Alma! ¡Muchas risas y geniales textos!

  2. Preciosa reflexión. Me está gustando mucho tu blog.

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