Domingos

Desde pequeña me acostumbraron a pasar las mañanas de domingo leyendo El Pequeño País. Mis padres me llevaban a los Jardines de Viveros de Valencia y allí pasábamos al sol un par de horas, leyendo, absortos, cada uno su propia historia, sin mediar apenas palabra entre nosotros. Mi madre hojeaba El País Semanal y mi padre su homónimo serio en blanco y negro, El País. Yo me sentía super importante porque me hacían partícipe de un ritual familiar tan asentado como la vieira que cada nochebuena me plantaban encima de la mesa. Que me dieran un periódico para mí sola era síntoma de que, joder, soy mayor ¿sabéis? Aunque dicho periódico no fueran sino viñetas de Calvin, Spirou y pasatiempos infantiles.

Las tres lecturas motivo de nuestro entretenimiento dominical las guardaba mi abuelo para nosotros, y se las daba cada fin de semana a mi padre para que hiciera el reparto oportuno. Había veces que en el coche de camino a los Viveros ya me había leído todo mi Pequeño País. Por lo visto por aquél entonces una servidora no se mareaba ni montaba los numeritos que monta en la actualidad en cuanto sube a un vehículo en movimiento. Pero ése es otro cantar. El caso es que al llegar frente al sempiterno café con leche aquí la abajo firmante ya no tenía nada que leer y se dedicaba a incordiar porque se aburría como una ostra. Entonces mi -santa- madre sacaba de su bolso algún Barco de Vapor que me había guardado en secreto y me callaba con un: “Alma, no puede ser que te leas las cosas a este ritmo, disfrútalo un poco hija”. 

Actualmente (¿por desgracia?) muchas de las ocasiones que estoy callada y leyendo, son frente a una pantalla. No obstante hay según qué libros que me resisto a comprar en su versión electrónica y sigo prefiriendo tener en papel. Y no son pocas las veces que recuerdo nostálgica aquella ceremonia familiar de cada domingo. Lo cierto es que agradezco enormemente que mis padres me inculcaran desde bien pequeña el placer de estar disfrutando a solas de una buena lectura. Desde el cuento antes de ir a la cama hasta el diario recién levantado, lean, por lo que más quieran, lean mucho. Aquí una servidora que les deja y cambia este ordenador, por un suplemento dominical que espera junto a un buen café. Feliz domingo.

Related article
5 Comments
  1. Me ha encantado!! Cuantos recuerdos me han venido a la cabeza, en mi casa había el mismo ritual.
    Sigue escribiendo asi de bonito por favor =)

  2. Yo agradezco que desde niña mi madre me inculcara el vicio por la lectura, por falta de tiempo no leo lo que quisiera pero envidio a mi madre que cualquier día echa a mi padre y hermana para meter más libros, ella ya usa ebook (nos costó) pero cada reyes, día de la madre o cumple no perdona el libro de papel. La envidio porque esta metida en aprender inglés y la veo con las novelas de Camilla Lackberg en inglés y la envidio mucho, ella sea como sea lee, de todas las formas y colores, lee, y eso a mi me encanta. Yo además de los barcos de vapor leí mucho Enid Blyton , los cinco y las hermanas Darrel me acompañaron mucho! ah!!!! y Manolito !!!!! ayyyy mi Manolito que gracia me hacia. Mi ritual de domingo era ir al mercadillo de antigüedades y llevarme algún libro usado, para mi eran joyas con historia y alguna vez aun lo seguimos haciendo, y luego ya nos clavamos unos marianitos que no está reñido lo uno con lo otro!

leave your comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *