Doctor House

Pensaba que sería una temporadita pasajera, pero poco a poco he ido viendo que no, que puedo generalizar. Resulta que a una le va la marcha. Y el otro día comentaba con una amiga que desde bien jovencita me he ido fijando siempre en el típico idiota que, sin llamar la atención, acababa por sacarme de mis casillas como una Bridget cualquiera. Me lleva pasando desde que el mundo es mundo y me imagino que ya, a estas alturas, pues mucho la cosa no va a cambiar. En una situación-tipo, de esas en las que servidora se halla tomando una copa o dos con sus amigas, y avista cual marinero en la proa, un grupete majo de alegres y desenfadados varones, aquí la abajo firmante siempre, y digo siempre, acaba fijándose en el que pasa desapercibido. No sé qué extraño imán impacta sobre mí, pero así es, real como la vida misma. Después cuando ya una entabla conversación, quizá el maromo no sabe articular palabra, quizá en el mejor de los casos tiene un dominio de la retórica de esos que me dejan -¡a mí!- sin habla. Pero, desde luego si es el segundo posible… Almi, you’re dead.

Y sí, es ese humor ‘doctor House’, ese carácter medio gilipollas medio conquistador, ese aire de ‘tú no sabes cuánto mundo interior tengo’ el que me deja mongola perdida, el que me apabulla, el que me atrae y el que admiro desde el minuto uno. El carisma, ya lo dije una vez, el carisma en su modus vivendi es lo que me nubla los pensamientos, su capacidad para hacerme reír y para verme cada vez que me mira. Un Risto, un Andreu Buenafuente o una mezcla de la hipocondría de Woody Allen, la humanidad de Andrés Iniesta y el erotismo poderoso de Cristian Grey. No puedo soportarlo, caigo rendida y la Forte se vuelve light. Es esa neurosis, esa constante protesta, esa coraza que antes o después cae, esa angustia perenne que camufla con un buen vino y esa huída en el trabajo para no pensar las veinticuatro horas en la desintegración del universo. Me vuelve tarumba el hombre desapercibido que controla su ambición y no permite que sus éxitos inflen su ego, el que quiere aprender de mí, el que es brillante pero no engreído. Bueno, un poco engreído pero lo suficientemente hábil, inteligente y humilde como para saber aprovechar, valorar, cuidar y mantener, a la Mujer que tiene a su lado. No por encima, ni por debajo. Al lado.

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12 Comments
  1. esa pluma cm mola se merece una ola! VIVA TÚ! #blondita

  2. Yo quiero uno. Jajajajaja me encanta el post!!!!
    Te tengo que llevar a mi cole a que le hables así a mis niñaa…aun creen en principes azules en corcel blanco

  3. Genial siempre Almi! “brillante pero no engreído” la clave… y esque que importante es el carisma…

  4. Bravo y bravo. Eres a la Beyoncé de los blogs, Almi.
    Ya puedes presumir de tener otra fan (quinceañera, ojo al dato) incondicional.

    • JAJAJAJA!! La Beyoncé de los blogs!! Ay que me mueroooo!!! Jajajajajaja!!! Menudo piropazo amiga!! Me encanta!!! Mientras escribo también tengo un ventilador a favor de la melena y llevo puesto un body de lentejuelas. Ojito.

  5. ay!!! si si!!!! por faaaaaaaaaa!! un tour de “las historias de Almi” por los coles!!! me parece un ideón!!!

  6. Pero queda alguno así? Mira que lo busco y nada…

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