Biodramina (y III)

“Menuda fiesta”, pensé. Mi vecino de asiento en el tren Barcelona-Valencia acababa de contarme que iba a dejar a su novia por sorpresa, que ella no lo sabía y que a ver yo qué opinaba. Mi dictamen era muy importante, al parecer, ya que este nuevo mejor amigo que había conocido hacía la friolera de seis minutos, me tenía totalmente en cuenta para actuar en una u otra dirección. “¿Crees que es muy cruel soltarle la bomba a mi novia sin haberla puesto en situación?”, me decía. Yo pensaba para mis adentros que la gente está muy loca. ¿Qué le importará a este chico lo que yo pienso sobre su relación fallida? ¿Por qué me lo cuenta? ¿No ve que estoy más dormida que viva? ¿Le comento algo acerca de la discreción, la privacidad y, sobre todo, del efecto que la Biodramina causa en mi ser más profundo?

El caso es que el comercial de artes gráficas no cesaba en su empeño de convertirse en mi nuevo confidente y me contó que su novia (en breve ex novia) era demasiado jovencita, que él con 36 años ya no quería chiquillas y se había dado cuenta de que esta chica era demasiado inmadura. “Yo no estoy para tonterías, ¿sabes? Si no quiere formalizar esto, le doy puerta. Yo tengo un piso comprado en Cerdanyola y estaba dispuesto a dejarlo todo para irme con ella a Valencia. Pero me he dado cuenta de que es una persona que solo busca conflictos. Está todo el día enfadada y siempre encuentra una excusa para discutir. Anda y que le den”. Yo había llegado ya a la conclusión de que en ese viaje tenía que luchar impunemente contra los efectos que la pastilla anti-mareos hacía en mi cuerpo. O sea, la Biodramina quería dormirme y yo tenía-que aguantar la conversación de aquel pobre desesperado que me había tomado por su psicoanalista particular. Sin embargo, después de asumir que no iba a pegar ojo en las tres horas de viaje, cada vez me atrapó más la historia. Fíjate tú, que este chico era un contador de historias nato, y me tuvo en el bote cuando acabó por sacar su móvil para enseñarme fotos suyas “de cuando era gordo y joven. Yo es que soy ex gordo, ¿sabes? Por eso ahora cuido tanto mi alimentación. Estoy muy metido en el mundo fit”. Ay dios, qué personajes hay por el mundo. La vida me provoca, no me cansaré de decirlo. Allí estaba yo, envuelta en mi sabanita blanca, pensando en las movidas del ex gordo de Cerdanyola que iba a dejar a su novia sin previo aviso.

Me pareció un tipo majo después de todo (después de que no me dejara dormir, se entiende). Pensé muchas cosas con su historia. Pensé que hay gente que necesita que le escuchen más que cualquier cosa en el mundo. Pensé que, pese a su aspecto superficial, el chico estaba jodido porque él sí quería formalizar su relación. Pensé que, pese a querer formalizar su relación, mi compi de viaje estaba un poco tronado porque no paraba de decirme que su novia (en breve ex novia) era una persona difícil, conflictiva, celosa y manipuladora. Pensé que ole sus cojones por dejarla y por creer en él y darse una oportunidad a él mismo para empezar de cero otra historia de amor. Y pensé que en mi próximo viaje quizá deba tomar dos Biodraminas en vez de una, porque ya veo que una sola no puede conmigo.

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2 Comments
  1. ¿Y III? ¿¡Y III!? Yo quiero por lo menos un VI y un V. Me cachis en la mar.

  2. Te prometo que me sé los números romanos. Quise decir “IV y V”. Ay, que bochorno.

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