Biodramina (I)

De un tiempo a esta parte utilizo el tren casi más que pongo la lavadora. Es lo que tiene trabajar en un sitio y vivir en otro. No me quejo, por ahora. De momento lo llevo bien. Pero no hay nada más poco operativo para una viajera habitual que marearse en cualquier medio de transporte. Ser una paralítica digestiva que vomita cada dos por tres porque se marea como un perrito ha hecho que me espabile muy mucho y viaje super preparada en estos subeybaja Valencia-Barcelona acelerados que llevo desde hace unos meses. El numerito que monto no es pequeño. Suelo llevar una ensalada, plátano, yogur, cucharita, servilletas y agua. Además me acompaña una sabanita blanca para envolverme como un rollito de primavera porque otra cosa no, pero ahí frío hace un rato. Renfe no transporta viajeros, los congela. Nos mete en su vagón-arcón y nos conserva como los guisantes Findus congelados a -18 grados. Horrible. Ahora llevo una sabanita porque estamos en verano, pero en invierno siempre me acompaña una manta de esas que impide que mi garganta se ponga malita y se convierta en una motosierra.

Una vez probé las almohadas esas del cuello que se inflan. El timo de la estampita oiga. Mi cuello se caía igual, pero con la almohada enganchada. O sea, ¿qué invento es esto? Un poco fulero, ¿no? Es como si le pones un bozal a un perro, que muerde igual pero con el bozal enganchado.

El caso es que soy un cromo viajando. Sobre todo por ese ingrediente mágico que todavía no he mencionado… pero es protagonista indiscutible de mis viajes: la Biodramina. Ay, qué haría yo sin ella. Es la reina de mi vida, los polvos mágicos de mi existencia. Es tomármela y caer en un coma profundo que me adentra en un mundo de placer y fantasía. Soy como Alicia pero sin país de las Maravillas. Voy flotando en el arcoiris del deleite multicolor y todo me da igual. Si hay baches, si hay turbulencias, si hay una curva. ¡Qué más da! A mí plin, que llevo mi Biodramina y nada podrá conmigo. Sería bonito tener una Biodramina para la vida, para que sus altibajos no me trajeran de cabeza y no me diera dolor de tripa cada vez que los problemas me superan. Una Biodramina que acallara esas voces que te acechan cuando todo parece ir mal o que solucionara tus taras cuando te dejas llevar por la locura transitoria. Ay, Biodramina de mis amores, ¿qué sería de mí sin ti?

Continuará…

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