Barbecho

“Es la inocencia, la frescura, la alegría, las ganas de empezar, la disposición a amar como si nunca hubiera sido herida, lo que hace atractiva a una persona y cautiva hasta el enamoramiento”. Leí hace mucho esa frase, en uno de esos artículos de psicología, de uno de esos suplementos dominicales que tanto me gusta husmear cada fin de semana. Afortunadamente una alberga la buena costumbre de anotarlo todo (“a memòria curta, llapicera llarga”, que diría mi profesor de Publicidad) y por suerte, como decía, conservo escrita esa frase y de tanto en tanto me voy topando con ella.

Ayer hablaban en un documental de La2 sobre las relaciones sentimentales de los animales. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar que, una vez más, el comportamiento de los chimpancés, flamencos y elefantes, no dista mucho del que algunos de nosotros estamos habituados a ejecutar. En el reportaje demostraban que el carácter agrio y hastiado de muchos animales acaba por generar un halo de amargura en torno a su ser y esto mismo es lo que termina por repeler a sus congéneres, que huyen despavoridos en busca de que Cupido les brinde una segunda oportunidad y dispare, esta vez sí, con más tino una de sus flechas.

Me quedé pensando sobre la amargura y otras mierdas y la verdad es que tenemos tan demonizada la (opción-de) la soltería, que todos ansiamos emparejarnos rápida y frugalmente por mucho que saliéramos escaldados y con pupa de la relación anterior. Y mira que los sabios no cesan su empeño en reiterar que la soledad no es sino una etapa de aprendizaje, un período de transición. Pero ojo, añaden. La vida en pareja no es sino una etapa de aprendizaje, un período de transición. O sea, que las cosas no son buenas o malas. Es lo que cada uno hace con ellas lo que determina el éxito o el naufragio en la vida. La temporada de soltería consiste en cuidar de uno mismo con tanto amor como lo harías por tu pareja. Es como el barbecho en las tierras, un tiempo de regeneración entre cosechas, un tiempo en que la persona se dedica a cuidarse, recomponerse, atenderse y prepararse para la siguiente relación. No es malo. Solamente es. Y tiene un final que supone un nuevo principio.

(Por cierto, que no estaba muerta, que estaba de parranda. La publicación habitual de entradas cada lunes y jueves se está viendo alterada por la navidad, los polvorones, el turrón y esas cosicas. Prometo la disciplina y el rigor de antes en cuanto pase la cuesta de enero. ¡Gracias por la comprensión, por seguir por aquí y felices fiestas para todos!)

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2 Comments
  1. Pues sí, estar soltero es cuidarse fin, y darse cosas buenas de la vida a uno mismo que algunas veces nos olvidamos. Feliz Navidad Almi! :)

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