App “Recupere su vida”

No puedo más, oiga, de verdad que no. Estoy exhausta. Vivo interrumpida casi las 24 horas del día. Vivo entorpecida, obstaculizada, paralizada. Abducida. Nos vendieron que somos libres y que impossible is nothing y que yes we can. Pero yo casi que prefiero can menos, ¿sabe usté? Porque estoy cansada de notificaciones, avisos, globos y llamadas de alerta. Quiero menos de tanto y más de lo poquito. Porque “la era digital” esta me tiene un poco hasta la coronilla. Cuando llegó el 3.0 se comió al 2.0 y este a su vez acabó con mi tiempo libre. Que si Facebook, si Twitter, si Instagram, LinkedIn, Snapchat, YouTube. Que si aplicaciones para todo. Para hacer la compra sin hacerla, para cronometrar cuánto corres, medir cuánto duermes, contabilizar cuánto gastas y valorar si respiras aire muy contaminado, poco contaminado o contaminado nivel Tokio. Una aplicación para indicarte los días más fértiles, por si el reloj biológico echa fuego y resulta que quieres ir a copular con tu pareja rauda y veloz antes de que se te pase el arroz. Otra aplicación para contar los minutos que debes cocer los fideos, por si también se te pasan, como el arroz. “Me ponga usté también una aplicación para valorar si he estado bien en la cama con mi señora, haga el favor”. Y el móvil del caballero puntuará de una a cinco estrellas cuán viril ha sido el amante bandido en la faena de esa noche.

(El ejemplo anterior es una simulación. Podría ser real pero no, es una simulación)

Y sobre todo, la “era digital” esta que nos trae por la calle de la amargura, que nos tiene impedidos y alelados, nos ha dejado muchas, pero muchas aplicaciones para corregir defectos. Una te hace la vida más blanca, que es lo que se lleva ahora. Otra te tapa los granos, te hace más esbelta y te disimula las puntas abiertas. Otra app te quita el dolor de muela que tienes desde hace tres días y otra le habla bien a tu madre, por si hoy te has levantado con el pie izquierdo y ya intuyes que le vas a pegar un rebuzno a la pobre mujer que no se merece. También hay una aplicación que bebe agua por ti y otra que responde las notificaciones de las quince redes sociales que tienes que atender. Y otra app que te dice qué melón de todo el melonar del Mercadona es el más dulce. No sé lo que pensará Vorín, mi frutero de cabecera, el de toda la vida, el que tiene campos de naranjas y un huerto con acelgas. Fijo que se parte y se moda él solo y se está burlando de mí y de la aplicación tres días seguidos.

Y es que a veces una duda si estamos avanzando o retrocediendo. De momento estamos atropellados. To-do-el-dí-a viviendo a ratos. Que los melones hay que tocarlos y olerlos, hombre por dios.

No necesitamos una aplicación que nos diga si el cactus del balcón crece correctamente. Ni otra que me ayude a comprar ropa sin probármela, ver la tele sin verla y qué probabilidad tengo en el día de hoy de que me caiga una maceta en la cabeza. Tampoco quiero una app para ligar sin ver, ni tocar, ni oler, ni sentir.

Redes sociales, aplicaciones, inboud marketing, Hootsuite, WordPress, ROI, KOL, engagement y un comentario en Instagram, dos amigos en Facebook, un retuit en Twitter y dos visualizaciones de YouTube. BASTA.

No sé donde estamos yendo pero tampoco sé si me gusta. Hay que ser muy gilipollas para tener que escuchar el silencio buscando la lista ‘Silence’ en Spotify. Yo quiero recuperar mi vida, conocer lo que es el tiempo libre. Descansar. Apagar mis aplicaciones y encender mi vida. De hecho, creo que la app ‘Recupere su vida’ se inventó hace mucho, pero la utilizamos poco. Se llama OFF.

(Felices vacaciones)

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