Adiós 2016

La vuelta a Valencia. Al olor a paella, a mi casa, a mi perro. Fito en concierto por decimoquinta vez. Vamos de boda. Mi hermano es el primero en felicitarme el cumpleaños. Sale mi libro. Sigo sin morderme las uñas. Formentera. Sobrevivo a otra mudanza. Mi casa es la casa más bonita, limpia y cuqui del universo. Me entrevistan en la SER. Voy al Camp Nou y grito al árbitro como si entendiera lo que se cuece en el césped. Sagitario número 1 en el ranking de Esperanza Gracia. Micaída por las escaleras no acaba con mi dignidad. Por fuerte que fuera el tortazo, no me rompo nada. Mis amigas tienen muchos bebés y mi móvil parece el catálogo de Prenatal. Madrid. Hago un ‘Love Actually’. Finde en Altea. Cabaret Maldito. Guille llega a la final de Men’s Health. Hago las paces con Barcelona. Me sacan en Harper’s Bazaar. Me planto los tacones muchas veces. La edad de Cristo. Mi abuelo (nos) sigue aguantando. Veo una estrella fugaz. Abandono la cafeína aunque sigo siendo un poco ansias. Inundo mi armario de lunares. Catarsis en Capri. Quim Gutiérrez vuelve a ser portada tomando el sol desnudo. Mantengo mi peso durante todo el año. Creo en los milagros. Netflix. Él. Su forma de escribir. Su forma de hablar(me). Su forma de (ad)mirarme. El bulto de mi madre no es malo.
2016, después de todo, no has estado tan mal. Se acaba lo bueno, pero viene lo mejor.

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