Abuela

-Abuela, ¿ya has cobrao?

-Sí hijo, el día 25.

-Entonces aún te queda dinero, ¿verdad?

-Pues algo hay todavía, no sé lo que me quedará.

-Ay abuela, es que yo quería que me compraras una cosa…

-…

-Es eso de chocolate, que dentro tiene una sorpresa, ¿me lo compras?

Mi madre no pudo más y se metió donde nadie le llamaba, para alcanzar a nieto y abuela y darle al chiquillo tres euretes para que se comprara “no un huevo Kinder, te vas a comprar dos”.

El niño la miró con sus ojos azules como dos canicas y se tocó los rizos negros que le caían por la frente. No sabía qué hacer, porque una desconocida le estaba ofreciendo dinero. ¡Pero eran tres monedas! ¡Tres! Miró a su abuela y ésta, enormemente gorda y con el pelo que reclamaba un tinte con urgencia, sonrió al nieto y agradecida miró a mi madre. La señora sabía que podía no tener un duro para ir a la peluquería, que la pensión iría destinada íntegra a cubrir gastos, que no le quedaría ni un mísero céntimo para regalarle a su nieto “eso de chocolate que lleva una sorpresa dentro”, pero aún así, todo el amor que le devolvió a mi madre con esa sonrisa y ese “gracias” humilde y sincero, valía, seguramente, mucho más que todo el oro del mundo.

La pareja se alejó caminando delante de mi madre y por el rabillo del ojo les vimos entrar a un kiosko. Todavía me da una pena enorme cuando me acuerdo de la historia, pero más pena me doy yo cuando me cabreo si no tengo dinero para comprar una crema o un pintauñas. Hay que ver el asco que damos a veces.

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3 Comments
  1. Porque en la vida siempre somos conscientes de lo que tenemos ‘a toro pasado’ o en momentos puntuales de lucidez?
    Que rábia no poder valorar las cosas en el presente eh? … A veces, damos mucho asco. Cierto.

  2. Nunca volveré a mirar un huevo kinder de la misma manera!

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