Ya no es

Ninguno de los tres era él. Ninguno de los tres se llamaba como él, ni respiraba como él, ni me miraba como él. Yo lo sabía, claro que lo sabía, pero aún así me deleité unos segundos mirándoles con descaro, de forma impune y agresiva, por si alguno se apiadaba de mí y me adoptaba como nieta, para quererme como él. Recuerdo que hasta me acerqué unos metros para alcanzar a olerles, aunque esto siempre lo negaré. Me haría parecer una psicópata. Pero qué le voy a hacer yo si olían como él. Los tres señores emanaban el aroma de esa colonia rancia, pesada, de las que se te meten en el cerebro y no olvidas en todo el día. O en toda tu vida.

Y ahí me tenían a mí, cargada como una mula, escondida detrás de mis gafas de sol, hocico en alto, aspirando perfume barato con el único propósito de llegar a él. Con el único objetivo de sentirle otra vez conmigo aquí. No ‘ahí’ en mi mente, no. Aquí. Aquí-conmigo. Maldito el olfato, el más evocador de los sentidos, el que te transporta de repente a un momento, a un lugar, a un abrazo. Maldito mentiroso, que me hacía creer que él estaba, que todavía era.

Los señores olían a café con un sobre de azúcar, a cazadora de piel y a tabaco negro. Olían a cabeza calva con cuatro pelos blancos y a piel arañada y seca. Los tres de aquella terraza olían a paseos al sol y a dormir pocas horas. Olían a él.

Y sin embargo, no eran él.

 

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1 Comments
  1. enmisotrosmundos

    Ay, alma! Que bonito lo que escribes aunque duela. un abrazo

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