El Hombre de la camisa blanca (II)

Me gustaba hablar con él porque no buscaba venderme nada. No hacía fuerza por agradarme. Sencillamente, era. Y al final las cosas, las personas… te seducen o no.

El Hombre de la camisa blanca también sabía jugar a mi juego. Mis caídas de pestañas eran recibidas con sonrisas seductoras y no escatimaba en palabras bonitas para mí. Yo, que soy un poco bruta, le habría devuelto algún piropo un poco salvaje, pero creo que para ser la primera vez, mejor no mostrar todas mis cartas y seguir comportándome como la señorita folklórica que soy.

El caso es que, a medida que pasaban las horas -y los vinos-, el ambiente se volvía más y más distendido y a la vez más y más tenso. Recuerdo vagamente (digo vagamente por no decir ‘embriagada de amor’) que en medio de una conversación, el Hombre de la camisa blanca me espetó un: “Alma, ¿qué vamos a hacer?”. Y yo, que parezco avispada pero muchas veces estoy en la parra, le pregunté: “Hacer de qué”. Y Don Hoyuelos contestó: “Que qué vamos a hacer con esta tensión sexual que hay aquí ahora mismo”. Dios, menos mal que él también lo notaba. Ya estaba pensando que aquello era cosa del albariño y que mi sujetador de encaje verde menta seguiría guardado en el armario por los siglos de los siglos. Pero no, aquel Hombre también sentía mi (gran) poder de seducción y yo me iba a encargar de que allí ardieran las fallas de 2016 si hacía falta. Bueno, allí exactamente igual no, que estábamos en medio del chiringuito, pero vaya, entiéndase que Almi estaba en pie de guerra y, recuerdo, llevaba un vestido enseñando pechuga.

No tardamos en irnos y de una manera muy astuta el Hombre de la camisa blanca me acompañó hasta el coche. He de reconocer que soy una insensata y que hay momentos en la vida en los que me tiro a la piscina como si estuviera trastornada. Y este fue uno de ellos. Mis rizos, mis labios rojo Dior y yo, cogimos a Don Hoyuelos y, estirándole del brazo derecho, le estampamos un super beso de película en blanco y negro. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que, pese a mis múltiples trucos de mujer atractiva y despampanante, mi enamorado trató levemente de hacerme una pequeña y disimulada cobra. Sí amigas, sí. Me quiso hacer la cobra. Ahí es cuando me di cuenta de que yo no mando una mierda y la situación se me escapaba de las manos.

(Continuará…)

 

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5 Comments
  1. ¿Hola? Dime que hay un giro en esta historia porque no puede ser tan mala gente después de tanto tonteo de regalarte una cobra XD

  2. Ayyyyyyyyyyyyyyy, este segundo capítulo… como ha acabaU!!!!!
    No nos hagas esto a tus fanses. Continúa, Almix!!!!!

  3. no entiendo nada….
    pero no había tensión zerzuá?
    no quería tema????? sabia que se suele empezar por los besos para coger confi antes de ya sacar la artilleria pesada?, bueno o no pesada, que el tamaño no es lo importante!! hay parte 3? porque a mi me has dejado muy descolocá… NO ENTIENDO NADA!!!!!!!!!

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