Odiadores

Odio, mucho odio es lo que se respira en las Redes Sociales últimamente. Lo vengo observando desde hace tiempo, pero como he estado callada por aquí mucho ídem, no había podido quejarme. He venido a quejarme de las quejas, darse cuenta.

El caso es que nuestros yoes digitales son carne de cañón, diana para los odiadores, un pececillo a punto de ser devorado por los tiburones. Y no, oye tú, qué manera de aguar la fiesta. Abre uno la puerta de Twitter y oiga, eso no es un patio de vecinas, es un linchamiento al paredón. Que si los unos apoyando una causa. Los otros renegando de ella. Que si los unos a favor de la cebolla en la tortilla de patata. Los otros: ‘¡sacrilegio!’. Igual da el quid de la cuestión, no importa el motivo, la pugna. Aunque cierto es que no se suele debatir sobre la política anti-aborto de Trump o sobre el fallo del Premio Pritzker. Lo importante es, sea cual sea el tema, machacar al que no opina como tú. Y si insultas, tu tuit vale doble. O triple, depende de cuántos retuits tengas.

Se nos ha ido tanto (¡tanto!) la pinza que hay odiadores profesionales que son subidos a las alturas de la popularidad tuitera, al olimpo de los que desprecian y maldicen. A veces gusto de imaginar, boberías que tiene una, que esos odiadores en cuanto apagan el móvil son personas afables, tranquilas y cariñosas que observan la belleza en las pequeñas cosas de la vida, qué sé yo, un árbol en flor ahora que se acerca la primavera.

Bueno… o quizá no. Quizá se dedican a tocar las narices a diestro y siniestro tanto en la vida digital como en la analógica y son de esos que trabajan cara al público y les dices ‘hola’ y ni te miran. Claro, por eso luego entran en Twitter y se cagan en la madre que nos parió a todos. Aún nos pasa poco.

TwitterFacebookInstagramYouTube @soylaForte

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